SE FORJA EL COMANDANTE Tirado sobre el suelo, boca arriba, le cuesta respirar, ahogándose con su propia sangre. La mano izquierda rasga la tierra, no tanto como ha sido rasgado su corazón, cristales rotos incrustados en su mano derecha le cortan, no tanto como los que cortan y atormentan su mente. Heridas, golpes y desgarros, la arena del reloj se acaba, el caballero bueno, leal, honorable, diáfano, acendrado, el caballero de la luz, del brillo y la blancura, siente como de a poco le abandona la vida. La última batalla la sabía perdida, pero avanzó hacia ella blandiendo su espada en alto, nunca se rindió, siempre luchó hasta su último aliento, marchó adelante a la última “justa”, que de justa poco tenía, un combate uno a uno, que en realidad era una emboscada, pero él lo sabía, e igual marchó hacia ella por su honor y dignidad. El suelo es árido, duro y tostado, el sol abrasador, e imágenes pasan por su mente recordándole como terminó ahí. Como todo cruzado lleva la cruz de ...