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¡A la punta mis recuerdos!

Hay dolores que se meten muy dentro de nuestra alma. Hay heridas que nos duelen sin que podamos curarlas. Cuando se fue de mi lado esa ingrata de la Juana, le tupí macizo al guaro para poder olvidarla. Tomaba día tras día, para ver si la olvidaba, pero más y más la quería entra más me emborrachaba. Y así pasaban los días sin que pudiera olvidarla, pues entre más yo bebía más y más la recordaba. Ya mi vida no valía porque nada me importaba ¿Y para qué la quería si no tenía a la Juana? Trasnochaba y amanecía  en la calle, en las cantinas, y así seguía y seguía sin poder curar mis heridas. Abandoné a mis amigos y hasta a mi propia familia, solo pensaba en el vino, en las tabernas y la vigilia. Ya mis hijos nada valían, tampoco mis padres contaban,  lo único que yo quería era olvidar a la Juana. Y en ese empeño seguía empinándome la botella, y entre más guaro bebía más me acordaba de ella. ...