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Mostrando entradas de mayo, 2019

Recuerdos

Paseando por los alrededores del pueblo, algo que solemos hacer con cierta frecuencia, recordamos nuestros años de niños y adolescentes, de patojos prejuiciosos y traviesos, aquellos en las que unidos a la pandilla del barrio, recorríamos esos alrededores y sus interioridades: cruzarena, las Claveras, los Chorros, y tantos lugares mas; ahora total o parcialmente modificados, pero luciendo algunos todavía sus antañones corrales de piedra, de piñón o de piñuelas, que como antes, hoy también habitados por lagartijas y chinchigüilitos, que temerosos y juguetones desaparecen al notar nuestra presencia, posiblemente para observarnos desde su escondite y reírse de nosotros, o mirarnos con respeto y precaución. Lo cierto es que todos esos sitios poblado de cafetos y chalunares, casi en su totalidad y que un día albergaron guayabales, Zuquinayes, cinco negritos, pomarrosales y toda clase de frutales, supieron de nuestras andanzas y sufrieron por muchos años la invasión despiadada de nu

¡Qué bello atardecer!

De acuerdo con nuestro muy particular gusto y capacidad de percepción, las cosas en su aspecto físico pueden parecernos bonitas, medio bonitas o medio feas y feas, es decir, que las apreciamos en sus extremos o en su término medio. Por ejemplo, en cuanto a su apariencia personal, a una mujer podemos considerarla de acuerdo a esa característica, como muy bonita, regular o fea, de igual manera puede decirse de un hombre, cuyos atributos materiales pueden calificarse como cualidades o defectos. Y esas mismas características observamos en los animales, en las plantas, en el paisaje y hasta en las cosas artificiales, por eso a veces decimos: ¡Qué mujer más guapa!, ¡Qué animal tan horrible!, ¡Qué paisaje más hermoso!, ¡Qué edificio tan elegante!, qué esto y qué aquello, opinando qué nos gusto o qué definitivamente no nos gusta, refiriéndonos a algo. Mientras un caballo, por ejemplo, nos parece un soberbio ejemplar por su elegante figura, según nuestra apreciación, otro puede

Así es el invierno

Se le llama invierno a esa época de lluvias que se nos viene encima con todo el ímpetu y su cúmulo de consecuencias. Por una parte sus bondades al darle al campo ese toque maravilloso que hace brotar de la madre tierra el vástago creador que se multiplica como dádiva divina del Creador para sus hijos, ese hálito de esperanza que llena el corazón del hombre de alegría y gratitud, ese fluido mágico que inunda de colores y fragancia el ambiente campirano. el invierno produce el mágico cambio de los campos al pintarlo con sus variadas tonalidades de flores multicolores que le dan a la madre naturaleza una presencia incomparablemente bella. Pero a la par de ese regalo invaluable que la madre naturaleza nos brinda, está el lado opuesto, el reverso de la medalla cuando por la misma impetuosidad con que a veces el invierno se hace presente, ha dado muestras de su capacidad de destrucción al provocar inundaciones, deslaves, derrumbes, con sus graves consecuencias. Pero así es el inv

Mensaje de adoración

Con relieves de alegría, o de tristeza, el calendario nos marca la fecha consagrada a las madres del mundo, mujeres todas, que en su vida que es calvario, merecen del hijo en todo momento, cariño profundo. Para esas santas mujeres, para todas, todas ellas va mi mensaje de respeto y sincera admiración, porque son mujeres buenas, porque son mujeres bellas porque lloran, porque sufren, porque son igual que Dios. Para la madre maestra, que con amor y cariño va sembrando la semilla del saber y la cultura en los tiernos corazones, en la mente de sus niños, imprimiendo en su trabajo, abnegación, ternura. Para la madre, que en el hogar es esclava y es reina, para esa ama de casa que en el quehacer cotidiano  de sus múltiples, monótonas y agotares faenas,  va gastando su energía y encalleciendo sus manos. Para la madre pobre, mendiga, viuda o abandonada, que con arrojo a la lucha por la existencia se lanza, para esa madre sufrida que no se arredra

Insustituible hermosura

Podemos decir que por su condición de dama y señora, la mujer se preocupa de manera especial por su arreglo personal; no le basta su belleza física natural, tiene que mejorar su apariencia para hacerse más atractiva, no solo ante la mirada escrutadora del varón, sino ante la de las demás féminas que no desaprovechan la oportunidad de echarle un vistazo, de pies a cabeza, a su congénere, para emitir su comentario respectivo de censura. Y para darle más realce a la imagen de la mujer, que tanto se afana por lograrlo, el comercio ha creado tal diversidad de aditamentos femeninos, que van desde los más sofisticados y extravagantes, hasta los más sencillos y realmente necesarios. La pintura es uno de tales complementos: la mujer se pinta los labios, los cachetes, los párpados, las cejas, el pelo y las uñas; se pone aretes hasta en la lengua y el mush; anillos, prendedores, ganchos, colas, pulseras, collares y cadenas; prendas de vestir ni se diga, desde las que le esconden hasta los