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Mostrando las entradas etiquetadas como Pérdida

Qué solos se quedan los muertos

  Cuando, después de un fatal e infortunado accidente, de una implacable enfermedad o de cualquier otro acontecimiento trágico de la muerte de un ser querido, nos vemos en el doloroso trance de separarnos físicamente de él, qué profunda sensación de tristeza nos invade, no solo por la dura realidad de su ausencia definitiva, sino por el hecho de dejarlo totalmente solo en el silencio conmovedor de un cementerio; qué lacerante vacío se vivirá en adelante en el seno familiar al que le dio alegría y felicidad con su presencia. Pero dice un refrán que Dios da la llaga y da la medicina, y tal expresión encierra una verdad incuestionable, porque aquella amargura provocada por la muerte del ser querido, aquella situación de angustia que creímos inconsolable, a medida que el tiempo transcurre, va apoderándose de nosotros un sentimiento de resignación y conformidad, la herida va cicatrizando porque cada vez vamos llenándonos de es tranquilidad espiritual que solo Dios puede darnos. De todos...

Un aliado infalible

  Cómo lloramos a un ser querido que se va para siempre. Cómo nos duele su partida pensando que jamás nos resignaremos a perderlo. No podremos acostumbrarnos a su ausencia ni consolarnos nunca porque su muerte nos deja un doloroso vacío imposible de llenar.  Pero a medida que los días pasan y casi sin percibirlo, nuestro dolor se va atenuando, la conformidad poco a poco va invadiendo nuestro ser, la herida va cicatrizando hasta llevarnos al momento de aceptar la realidad. No cabe duda que el tiempo es un aliado poderoso que ayuda con su paso a aliviar nuestra pena y a disipar nuestra tristeza, diluyéndola lentamente hasta darnos la tranquilidad espiritual que necesitamos. La pérdida de un ser querido, de alguien que es parte de nuestra propia vida, es uno de los golpes más duros que podamos recibir, por eso sacude la totalidad de nuestros sentimientos hasta hacernos llegar a pensar que difícilmente nos recuperaremos, pero Dios, Todopoderoso, con su infinita misericordia, nos d...

Hasta pronto Don Lenchito

  Ilustre literato, melifluo poeta, egregio periodista, sabio maestro e ícono toneco, maravilloso ser humano cuya brillante sonrisa manifestaba su buen humor y cuyas palabras expresaban su inconmensurable sabiduría, inspirador de este blog como creador del icónico periódico La Palestra, como herederos de su legado en textos, poesías y lecciones, admirándolo y guardando su obra, con un caluroso abrazo hacia el cielo le decimos hasta pronto a Don Lenchito, y les invitamos a leer no solo sus textos ya escritos que publicamos en La Nueva Palestra, sino también los nuevos escritos que publicará Don Lenchito próximamente, los cuales podrán leer en el cielo estrellado redactados con trazos de luz sobre el firmamento💫😇✍🏼.

Un verso hasta el cielo

  Un último verso trazado desde la tierra hacia el cielo pone punto y final al último poema escrito con papel y tinta, abriendo la portada de un nuevo libro que será escrito con trazos de luz sobre el firmamento. Un último abrazo antes de partir, recibo su pluma para continuar el legado, aún no estoy listo para tomarla, pero la recibo como la última lección de mi maestro favorito, enseñándome que la mayor maestra es la vida misma, y que con amor hay que vivir y recibir su cátedra, incluso si a veces algunas de sus lecciones nos desgarran, y aunque a veces estemos tristes y la muerte sea ineludible, se debe amar sin medida y hay que recibir las desgracias siempre con una sonrisa, y señalando al firmamento hacia la nube más pequeñita, me dice bromeando y riendo que ese será el suave y acogedor asiento donde se sentará, y que si no lo veo no es porque no esté, sino que por su baja estatura y lejanía talvez no lo alcance a ver. Entonces desde el centro de su amado pueblo San Antonio Hu...

¿Por quién doblan las campanas?

  Con la profunda angustia hecha un nudo en la garganta, y a veces, con la dolorosa sorpresa de una muerte inesperada, llega la separación física de un ser querido, dejando en el corazón de todos los suyos, la profunda pena de su ausencia y un doloroso vacío imposible de llenar. Pero ni modo, ante los designios de nuestra Creador, nada puede hacerse, sino aceptar con resignación su voluntad y agradecerle el privilegio de habernos permitido vivir y disfrutar de esa dádiva divina, por el tiempo que Él decida concedérnosla, porque cuando la hora llega, no hay poder humano que pueda retrasar el reloj que marca la duración de nuestro destino. Cuando el final se presenta de manera inesperada, conmociona los más profundos sentimientos de la familia, sacude violentamente las fibras más sensibles de quienes estupefactos y acongojados, ven partir al amigo que se va de manera imprevista, a la hermana que no tuvo tiempo de despedirse, al ser querido que sin decir adiós se va para siempre, deja...

Un aliado infalible

Cómo lloramos a un ser querido que se va para siempre. Cómo nos duele su partida pensando que jamás nos resignaremos a perderlo. No podremos acostumbrarnos a su ausencia ni consolarnos nunca porque su muerte nos deja un doloroso vacío imposible de llenar. Pero a medida que los días pasan y casi sin percibirlo, nuestro dolor se va atenuando, la conformidad poco a poco va invadiendo nuestro ser, la herida va cicatrizando hasta llevarnos al momento de aceptar la realidad. No cabe duda que el tiempo es un aliado poderoso que ayuda con su paso a aliviar nuestra pena y a disipar nuestra tristeza, diluyéndola lentamente hasta darnos la tranquilidad espiritual que ncesitamos. La pérdida de un ser querido, de alguien que es parte de nuestra propia vida, es uno de los golpes más duros que podamos recibir, por eso sacude la totalidad de nuestros sentimientos hasta hacernos llegar a pensar que difícilmente nos recuperaremos, pero Dios, Todopoderoso, con su infinita misericordia, nos da la...