Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Relato de la Comunidad

Perdida en el Bosque (Primera Parte)

Perdida en el Bosque (1/3) Desperté sola y perdida en el bosque. No recordaba lo que había pasado anoche, habían manchas de sangre ahí donde yo estaba, y estaba desnuda. Tenía miedo y empecé a caminar por el bosque, pero no sabía a dónde ir, estaba completamente perdida y tenía mucho miedo. Caminé durante horas y horas, pero no llegaba a ningún sitio, y mis pies me dolían mucho porque iba descalza, y no estaba acostumbrada a caminar en la tierra y las piedras. Se me hicieron algunas yagas en los pies. Ya habían pasado muchas horas, y el sol ya estaba por irse, yo estaba muy asustada, me senté en el tronco de un árbol y me puse a llorar. Yo lloraba y lloraba, cuando en eso escuché unas pisadas, y de pronto una voz que dijo: ―¿Estás bien? ―yo volteé y lo vi, era un hombre joven, de cabello negro, barba y bigote, con camisa, pantalón y botas, llevaba una mochila y una escopeta en la mano. Quizá debió haberme dado miedo, pero no sé por qué su rostro bondadoso me inspiró confianz...

La Cata (Capítulo X)

LA CATA (CAPÍTULO X) (Capítulo I) (Capítulo II) (Capítulo III) (Capítulo IV) (Capítulo V) (Capítulo VI) (Capítulo VII) (Capítulo VIII) (Capítulo IX) Después de un largo día de trabajo y en espera de que llegara la tarde para salir con Ernesto, resultó que terminé antes de lo que esperaba. La verdad me daba pena que me pasara a traer, porque estaba yo a pocas cuadras, a penas a tres de mi trabajo, y ni modo que yo no pudiera caminar un poco, pensaría él que soy muy comodona. Pero..., y si ya estaba cerca, podría sentir que lo estoy rechazando. Así que mejor decidí llamarlo. Lo busqué ente mis contactos, marqué, y esperé al teléfono a que me contestara. La verdad tardó un poco, me dio un poco de pena que estuviese ocupado o viniera manejando, pero en eso, respondió: ―Hola. ―Hola Ernesto, ¿qué tal?, ¿cómo estás? ―Bien gracias, y tú. ―Bien también gracias. Te cuento que ya he salido de trabajar. ―¡Saliste antes! ―Solo unos diez minutos. ―Fabulo...

Ella

ELLA Desperté a mitad de la noche, me despertó el sonido de la puerta de mi casa. ―Toc, toc.― La noche estaba fría y lluviosa, los truenos de la tormenta se escuchaban cerca, y los relámpagos interrumpían por instantes la oscuridad de mi habitación. Pero ¿quién más podría ser?, debía ser ella, una vez más. ―Toc, toc―. Sonó otra vez, y el temor se empezó a apoderar de mí, tan solo esperaba que se fuera. ―Toc, toc―. Sonó nuevamente, pero esta vez lo acompañó diciendo mi nombre, y diciendo luego con esa dulce voz: ―Ábreme, te necesito―. Yo estaba aterrado, mientras escuchaba que empezaba a llorar en mi puerta, pero yo no podía irle a abrir más, estaba muy débil, ya no tenía energías, temía morir. ―Toc, toc―. Sonó nuevamente, y yo, acostado en mi cama, temblaba mientras abrazaba mis rodillas, al tiempo que mis lágrimas caían y susurraba suavemente ―Vete, por favor vete―. De pronto se escuchó un fuerte trueno, y el relámpago iluminó mi ventana, y la vi a ella observándome desde ahí, ...

La Cata (Capítulo IX)

LA CATA (CAPÍTULO IX) (Capítulo I) (Capítulo II) (Capítulo III) (Capítulo IV) (Capítulo V) (Capítulo VI) (Capítulo VII) (Capítulo VIII) Me arreglé lo más rápido que pude, y salí para la casa de Mariana. No sé qué pasa, si es mala suerte, si es cómo lo percibimos o en verdad es así, pero a veces pareciera que el creador tiene un agudo sentido del humor y ama la ironía, porque cuando no te urge ni necesitas demasiado hacer determinada cosa, suele todo ir bien y estar tranquilo, pero justo cuando necesitas hacer algo, sucede todo para que no lo logres. Parece que hoy se pusieron todos de acuerdo para salir a conducir a las calles, como que de un día para otro en la ciudad se duplicó el número de automóviles. Las calles son un caos, y es toda una odisea llegar hasta la casa de Mariana. Pero finalmente llego, y ella está ahí, con esos ojos cristalinos color miel, esos cabellos rubios, esa blancura de su tersa piel, ella es como un sol. Lleva puesto un h...

La Cata (Capítulo VIII)

LA CATA (CAPÍTULO VIII) (Capítulo I) (Capítulo II) ( Capítulo III) (Capítulo IV) (Capítulo V) (Capítulo VI) (Capítulo VII) Me dejó en mi edificio, subí a mi apartamento, y me preparé para irme a acostar. Pero ya acostada, no podía hacer más que pensar en Ernesto, será que... no, solo debe ser porque lo conocí hoy. debo pensar en otra cosa y dormirme ya. La semana fue pasando y no sé por qué estaba tan pendiente de la salida que tendríamos con Ernesto, por el vino seguramente, estaba tan emocionada de poder salir con Ernesto a Casa Rioja, por el vino, es que es una gran gentileza que él me de la oportunidad de ir a Casa Rioja, y como a mí me gusta la enología, no es porque me guste Ernesto, no, es solo un amigo, a mí lo que me gusta es la enología, y por eso quiero ir. Aunque..., no me ha escrito, ¿será que sigue firme su invitación?, pero no puedo escribirle yo a él, eso quizá se vería mal, no me escribió casi en toda la semana, ¿será que ya se le olvid...

La Cata (Capítulo VII)

LA CATA (CAPÍTULO VII) (Capítulo I) (Capítulo II) (Capítulo III) (Capítulo IV) (Capítulo V) (Capítulo VI) Seguimos platicando los tres un poco más aquella noche, hasta que llegó el tiempo de despedirnos. Despedí a Danniela con un beso en la mejilla, tersa y suave y le dije al oído. ―Nos vemos el viernes. Ellas subieron a su auto, yo subí al mío, y regresé a casa. Aquella noche acostado en mi cama no pude más que pensar en ella, esperando con ansias que llegara el día viernes para verla otra vez. A la mañana siguiente, recordando las vivencias de la noche anterior con mucha alegría, de pronto caí en la cuenta que había dejado mi botella de vino Contador en Ladi Godiva, jajaja, cómo podía ser, estaba tan concentrado en Danniela que se me olvidó por completo mi botella de vino, y para que a mí se me olvide un vino... Esa mañana pasé al lugar, donde me habían guardado la botella, y me la dieron muy amablemente. Aquella noche había estado espectacular...

La Cata (Capítulo VI)

LA CATA (CAPÍTULO VI) (Capítulo I) (Capítulo II) (Capítulo III) (Capítulo IV) (Capítulo V) —Gracias amiga, pero recuerda que tú... —¡Espera! —¿Qué, qué sucede? —No voltees, pero el galán de la barra viene hacia acá. Mi corazón en aquel momento comenzó a palpitar de nerviosismo. ―Buenas noches señoritas, ¿les importa si las acompaño? ―... ―(Creo que mi Ana esperaba que yo respondiera, pero quedé muda de los nervios). ―Digo, para evitar que las vengan a molestar los mujeriegos ―(La verdad yo moría de los nervios, y no quería que mi amiga Ana lo arruinara con lo directa que es, así que mejor decidí decirle yo misma que era una noche de chicas). ―Bueno, la verdad es que para nosotras es una noche de... ―De hacer amigos; claro, por favor, toma asiento. ―Gracias. (Quedé boquiabierta de lo amigable y sonriente que Ana actuó con él) ―Y tu nombre es... ―preguntó Ana. ―José Ernesto ―respondió con esa maravillosa voz, al menos sabría su nombre ...

La Cata (Capítulo V)

LA CATA (CAPÍTULO V) (Capítulo I) (Capítulo II) (Capítulo III) (Capítulo IV) ...Entonces decidido irle a hablar, volteo, pero cuando veo... ―¡Qué hace ese tipo ahí! Se ha sentado justo a la par de ella un tipo rubio, de rasgos refinados, demasiado refinados..., pantalón caqui, camisa celeste y suéter en la espalda amarrado por encima de los hombros, está rasurado, más bien parece lampiño, ni parece hombre. ¿Será su novio?, pero si es un niño, ¡podría ser su hijo! Bueno, quizá no tanto, su hermano menor pues. Pero si es un niñato, ¿pero qué hace allí?, ¿en serio anda con ese tipo? No puede ser que esa belleza ande con un tipo así, no lo puedo creer. ―¡Tranquilo Ernesto, tranquilo! ―me digo a mí mismo―, estás sintiendo celos por alguien que ni conoces. Ni siquiera tiene por qué ser así, quizá es un amigo, quizá tiene algo que ver con la amiga. Bueno, pero es que está sentado ahí la par de ella... pero quizá no es nada. A quién engaño, debe ser su pareja, debe...

La Cata (Capítulo IV)

LA CATA (CAPÍTULO IV) (Capítulo I) (Capítulo II) (Capítulo III) Entramos platicando y buscando una mesa donde sentarnos, pero no sé, de pronto siento como un magnetismo que atrae mi mirada, veo hacia la barra, y ahí estaba él, con la copa de vino en una mano, sus ojos mirándome. Él me sonríe, yo le sonrío, su mirada me sonroja, es muy fuerte, bajo la mirada, y llegamos a la mesa con mi amiga. Él ha quedado algo lejos a mi izquierda, mi amiga se ha sentado a mi derecha. Empezamos a platicar con mi amiga, pero casi no le pongo atención, él ha quedado rebotando en mi cabeza. Él es un hombre de ojos profundos y negros, cabello negro, barba y bigote espesos, él es delgado, va vestido casual, camisa negra, jeans negros, se ve sofisticado, tengo que aceptar que es guapo. No resisto y volteo una vez más para verlo, pero él ya no me está viendo, está volteado hacia la barra. —Oh, te gusta el galán de allá de la barra... —No, no... —Eh, sí te gusta... —Jaj...