Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Suspenso

La Cata (Capítulo XII)

LA CATA (Capítulo XII) Capítulo I Capítulo II Capítulo III Capítulo IV Capítulo V Capítulo VI Capítulo VII Capítulo VIII Capítulo IX Capítulo X Capítulo XI Ernesto: Fuimos entonces a la presentación de los vinos. Ahí me encontré a Roberto, un amigo. — Hola Ernesto, ¡qué grato verte! — Qué tal Roberto, ¿cómo te va? Te presento a Danniela. Danniela, él es mi amigo Roberto. — Sí, ya nos conocíamos. — ¿Ya se conocían? — Sí, mientras te esperaba charlamos un rato. — La fuimos a saludar con Franscesco. — Pues Roberto es uno de los socios dueños de Casa Rioja. — Ah, qué interesante, no lo sabía. — Siempre son bienvenidos a Casa Rioja. — Muchas gracias. — Pero por favor, pasen. Seguimos caminando y entramos a uno de los recintos. — ¡Wow!, mira Ernesto, ¡cuántos vinos! — Sí, y esta es solo una de las cavas en el lugar. — ¡Es un lugar tan hermoso! — Y con nuestra presencia lo es aún más. Pasamos entonces por la presentación de algunos de l...

La Cata (Capítulo XI)

LA CATA (Capítulo XI) Capítulo I Capítulo II Capítulo III Capítulo IV Capítulo V Capítulo VI Capítulo VII Capítulo VIII Capítulo IX Capítulo X Ernesto: Continué mi camino, acelerando a toda velocidad, vi el semáforo en amarillo, aceleré más, pero al ir atravesando cambió a rojo, otro carro venía, los frenos y llantas rechinaron con el pavimento y... Todo pasó muy rápido, las llantas de ambos carros rechinaron, y apenas unos milímetros evitaron que sucediera lo peor, creo que hubieron insultos y bocinazos, pero yo casi no puse atención, me abrí paso y seguí mi camino. Continué y finalmente llegué a Casa Rioja, pero no había ningún lugar para parquearme. Tuve que ir hasta tres cuadras de distancia para encontrar un lugar. Me bajé del coche, y empecé a caminar. Busqué mi teléfono, y no lo encontré, debí haberlo dejado en el carro, rayos, pero ya era tarde, así que no regresé. De camino me topé con Jake. —Ernesto, qué alegre verte. — Hola Jake...

Perdida en el Bosque (Segunda Parte)

Perdida en el Bosque (2/3) (1/3)   Él abrió la puerta de su cabaña y yo entré después de él. Él me dijo muy amablemente que me sentara, y yo me senté. Él puso a calentar algo en la estufa, y luego sacó un botiquín, me empezó a curar las heridas y me vendó lo pies. Luego sirvió un té caliente en un vaso y me lo alcanzó. Yo le agradecí. Para ese momento ya era de noche. Él puso la chimenea de su cabaña para darnos calor. Luego empezó a preparar algo de comer. Me preparó una sopa caliente y luego me dio un poco de arroz y carne. Yo le agradecí mucho, me puse a comer, era la comida más deliciosa que jamás había probado, no sé si por su cocina o por el hambre que tenía de no haber comido en todo el día. Ya iba avanzada cuando noté que él me miraba fijamente, yo me detuve, y me dio un poco de risa. Él me dijo ―tienes unos lindos ojos―. Yo me sonrojé un poco, le dije que gracias. Pero me fijé que él no estaba comiendo nada. Entonces le pregunté: ―¿Y tú, por qué no comes? ―, é...

La Cata (Capítulo X)

LA CATA (CAPÍTULO X) (Capítulo I) (Capítulo II) (Capítulo III) (Capítulo IV) (Capítulo V) (Capítulo VI) (Capítulo VII) (Capítulo VIII) (Capítulo IX) Después de un largo día de trabajo y en espera de que llegara la tarde para salir con Ernesto, resultó que terminé antes de lo que esperaba. La verdad me daba pena que me pasara a traer, porque estaba yo a pocas cuadras, a penas a tres de mi trabajo, y ni modo que yo no pudiera caminar un poco, pensaría él que soy muy comodona. Pero..., y si ya estaba cerca, podría sentir que lo estoy rechazando. Así que mejor decidí llamarlo. Lo busqué ente mis contactos, marqué, y esperé al teléfono a que me contestara. La verdad tardó un poco, me dio un poco de pena que estuviese ocupado o viniera manejando, pero en eso, respondió: ―Hola. ―Hola Ernesto, ¿qué tal?, ¿cómo estás? ―Bien gracias, y tú. ―Bien también gracias. Te cuento que ya he salido de trabajar. ―¡Saliste antes! ―Solo unos diez minutos. ―Fabulo...

Xabam

Hoy te contaré una leyenda muy antigua de Guatemala, más específicamente de Quetzlantenango. Verás, en el año 1736, vivió un hombre llamado Gerardo Anibal Lopez, el cual vivía en el barrio del Calvario y bastante cerca del cementerio general. Se dice que vivía solo, nadie conocía su historia ya que siempre fue un tipo bastante amargado y alejado y las personas que dicen haberlo visto decían que tenia un aspecto "terrorífico", ya que dicen que tenía una cicatriz que le comenzaba desde arriba de la ceja izquierda y le terminaba en la punta de la barbilla. Nadie se acercaba a hablarle, ya que cuando lo hacían este se ponía de un mal humor sin ningún motivo, esto lo hizo un tipo muy solitario. Antes de seguir con esta historia, te digo que es muy poco probable que la conozcas, ya que esta se dio en un punto específico de Quetzaltenango, y los vecinos, oficiales y curas que presenciaron estos hechos, decidieron mantenerlo entre ellos y no divulgarlo. Sigamos con la historia......

Necronomicón

El Necronomicón, también llamado "El libro de los muertos", es un libro que fue escrito por el árabe Abdul Alhazred poco antes de su misteriosa muerte, acaecida en el año 738 d.C.  Los manuscritos originales fueron pasados a limpio y publicados bajo el titulo "Kitab Al-Azif" (que significa "el rumor de los insectos por la noche", sonido que en el folclore arábigo se atribuye a demonios y malos espíritus), y en ellos se incluían conjuros y revelaciones que Alhazred había recibido durante su exilio en el desierto de manos de unos misteriosos seres de otro mundo. Sobre el año 950 fue traducido al griego por Theodorus Philetas y fue entonces cuando se le dio por primera vez el título "Necronomicón". Parece que hay una traducción española del Necronomicón titulada Alacife y publicada en torno al año 1300 en León, España. (Fragmento del Necronomicón) Contenido: El libro se divide en cuatro partes: la primera consta de 42 capítulos y "cu...