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Mostrando las entradas etiquetadas como destino

No te Dije que te Amo

  No te dije que te amo Sabes, para mí Ha sido maravilloso estar junto a ti Tú sabes que Nuestro amor es imposible, yo también lo sé ¿Por qué no te quedas conmigo otro par de días? Yo prometo que haré todo para que sonrías Princesa, tú has venido a alegrar mis días Ver tu sonrisa es mi mayor anhelo Bendecirme el destino quiso Con esos ojos azules como el cielo Donde encontré mi paraíso Yo sé qué Esta es la única vez, la última vez que te veré Quédate aquí Disfrutemos de estos días, comparte junto a mí Pero tú dices que quieres continuar tu viaje Mañana partes, debes arreglar tu equipaje Y si decides quedarte me enviarás un mensaje Pero yo reconozco esa mirada Tú ya lo has decidido No extenderás el cuento de hadas Mañana tú ya te habrás ido Hay algo que no te dije en aquella ocasión No te dije que Te Amo, princesa de mi corazón Sé que compartimos poco tiempo Pero es eso lo que en mi alma siento Temía que si te lo decía, lo arruinaría Decir “te amo” es precipitado, tu pensarías Ahora...

¿Por quién doblan las campanas?

  Con la profunda angustia hecha un nudo en la garganta, y a veces, con la dolorosa sorpresa de una muerte inesperada, llega la separación física de un ser querido, dejando en el corazón de todos los suyos, la profunda pena de su ausencia y un doloroso vacío imposible de llenar. Pero ni modo, ante los designios de nuestra Creador, nada puede hacerse, sino aceptar con resignación su voluntad y agradecerle el privilegio de habernos permitido vivir y disfrutar de esa dádiva divina, por el tiempo que Él decida concedérnosla, porque cuando la hora llega, no hay poder humano que pueda retrasar el reloj que marca la duración de nuestro destino. Cuando el final se presenta de manera inesperada, conmociona los más profundos sentimientos de la familia, sacude violentamente las fibras más sensibles de quienes estupefactos y acongojados, ven partir al amigo que se va de manera imprevista, a la hermana que no tuvo tiempo de despedirse, al ser querido que sin decir adiós se va para siempre, deja...

Despertar

Mi copa que está llena de vacío, puede un poco saber de mi tristeza porque cuando el cristal mis labios besa también queda manchada de rocío. De mil sorbos bebí su inerte frío y mi cuerpo apuró la cruel riqueza que fue solo seguir tras la belleza y de tanto tener llegó el estío. Así agoté en derroche aquellos días y siempre imaginé que habiendo vino, podía disipar las penas mías. Y acabó el carnaval, borré el camino, y ahora apresurado en obras pías quiero darle otra ruta a mi destino. César de Médicis 10 de junio de 2019