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Mostrando entradas de enero, 2020

Inocentes animalillos

Hacemos algunos que por la noche no podemos conciliar el sueño si por ahí, cerca de nosotros, está funcionando el reloj de mesa o de pared, una gotera cayendo sobre un objeto, un zancudo volándonos cerca del oído, o un grillito gritando. Le ponemos tanta atención a cualquiera de ellos que terminan deseperándonos, quitándonos el sueño. Por mi parte, cuando esto sucede y hasta donde me es posible, me levanto a la hora que sea para evitarme la molestia desesperante de estar oyéndolos. Si es un reloj con su clic, clic, interminable, lo voy a refundir lo más lejos posible, lo meto entre trapos o debajo de algún trasto o cajón; si es una gotera con sus toc, toc, constante, pongo trapos donde cae o trato de suavizarla de alguna manera; si es un zancudo con su rrrrrrr intolerable, me lo velo para acabar con él a como dé lugar y si es un grillo con su necio rit, rit, rit, como no soy amigo de matarlos, trato de localizarlo y capturarlo para luego expatriarlo, aunque a veces tengo que sa

El Zorro y el Sabueso. Un Cuento de Navidad. Capítulo XI. Noche Buena, Víspera de Navidad.

EL ZORRO Y EL SABUESO UN CUENTO DE NAVIDAD CAPÍTULO XI. NOCHE BUENA, VÍSPERA DE NAVIDAD Capítulo anterior: Capítulo X. La Patita El zorro se quedó muy triste por el abandono del sabueso, él no podía entender cómo diciéndose su “amigo”, lo abandonaba en un momento tan difícil para él, él recordaba todo lo que había hecho por el sabueso, y le dolía que ahora el sabueso no pudiera hacer nada por él, además le sorprendía, pues jamás lo esperó de él. El zorro entonces tomó fuerzas y coraje, mordió un cojín, y se quitó la trampa para osos. Su pierna empezó a sangrar y sangrar, y él se la envolvió y apretó con unas vendas. Pero su pierna se veía muy mal, demasiado mal, temía que la fuera a perder, y no sabía qué hacer. Al zorro le dolía mucho su pata, casi tanto como la actitud de su amigo sabueso. El zorro lloraba y lloraba, y en soledad, deprimido y herido, esperaba la navidad, que ya estaba cerca. El sabueso que estaba muy ocupado y que no tenía tiempo para el Zorro,

Amores Valientes

Amores Valientes Debemos ser muy valientes para atrevernos a amar, el amor es una guerra en la cual no sabemos si saldremos vencidos o victoriosos, lastimados, heridos y humillados, sin embargo pienso que todos deberíamos ser guerreros, atrevernos a amar sin compasión y condición, amar porque queremos, porque nos sentimos plenos, entregar nuestro corazón, dar hasta la última gota, abrazar como si fuese el último abrazo, besar como si esos labios se fueran a acabar y consumar el amor como si no hubiese un mañana, si funcionará o no, eso no lo sabremos, pero al menos lo intentamos. Pienso que todos tenemos corazones guerreros que están dispuestos a asumir ese riesgo, que no te importe el que dirán, si tú eres feliz no tienes porque fijarte en lo que los demás piensen o digan de tus sentimientos. Hazle saber al mundo que estás enamorado por que vida solo hay una y no sabes en que momento darás tu último respiro, entrega ese dulce, tierno y cálido amor que tienes para dar, sé va

Un leño solo no arde

O padecía de insomnio o estaba mal del estómago; o quién sabe qué le pasaba. Lo cierto es que el pobre gallo estuvo canta y canta y nunca que amanecía; a lo mejor se adelantó en su anuncio del según él, ya próximo amanecer, o quizá soñaba en voz alta, aunque pudo haber sucedido también que la madrugada no le quiso hacer caso porque solo un quiquiriquí oía y no el coro acostumbrado de quiquiriquiíes que por lo regular anuncia la próxima llegada de un nuevo día. Total que se dejó de oír su canto y el día no apareció, volviendo a reinar el silencio, ni siquiera interrumpido por el soñoliento gorgoritazo de algún policía de ronda, que a lo mejor, cabeceaba su sueño en el escondite que le proporcionaba el zaguán de alguna casa comercial o de algún edificio público. Cuando el viejo reloj de la antañona torre de la Gobernación Departamental dejó escuchar el melancólico "glaun" del primer cuarto de hora de las cuatro o cinco de la mañana y el motor y las bocinas de unos cuant

El Zorro y el Sabueso. Un Cuento de Navidad. Capítulo X. La Patita.

EL ZORRO Y EL SABUESO UN CUENTO DE NAVIDAD Capítulo anterior: Capítulo IX. El Barrio de los Gatos, Viaje al Bosque y el Mágico Manantial de Arcoíris. CAPÍTULO X. LA PATITA Después de eso el sabueso ya se sentía bien, aunque había regresado a la ciudad y una vez más estaba intentando ser buen sabueso de ciudad. El zorro intentó llamar algunas veces al sabueso, pero este no le contestó, y perdieron el contacto un tiempo. La vida del sabueso mejoró, consiguió un trabajo de policía en la ciudad donde recibió varios honores, y aunque no invitó al zorro, el zorro le llamó y le felicitó, el sabueso le agradeció. El sabueso tenía ahora nuevos amigos, al final se había hecho amigo del doberman, el rottweiler y el pitbull que estaban trabajando también de policías ahora, también tenía unos amigos caballos, gatos, y de otros tipos, y había llegado a ser de los animales más adinerados de la ciudad. Sin embargo, por aquellos días, a quien no le estaba yendo bien era al zorro. Su ma

Prediquemos con el ejemplo

¿Tiene usted como padre, como maestro, como responsable o encargado de la educación de un niño, la solvencia necesaria para encargarse de esa labor tan delicada y necesaria? Porque se supone que situado en cualquiera de esos lugares, tiene la autoridad, el derecho y la obligación de conducir la formación de ese ser que está bajo su responsabilidad; pero ¿tendrá usted el crédito suficiente para encargarse de ella, la rectitud requerida para cumplirla? Pensemos que nuestra responsabilidad no se limita a darle al niño los elementos materiales que necesita para vivir mas o menos cómodamente: ropa, techo, alimentación, estudio; no, el niño requiere de una personalidad, de un carácter, de una dignidad, y de la formación de principios morales que le permitan ser un hombre de bien, íntegro, dueño de una conducta intachable y de un amplio sentido de responsabilidad para el cabal cumplimiento de sus obligaciones como miembro de una sociedad. Para conseguir hacer de ese niño el hombre q

El Zorro y el Sabueso. Un Cuento de Navidad. Capítulo IX. El Barrio de los Gatos, Viaje al Bosque y el Mágico Manantial del Arcoíris.

EL ZORRO Y EL SABUESO UN CUENTO DE NAVIDAD CAPÍTULO IX. El Barrio de los Gatos, Viaje al Bosque y el Mágico Manantial de Arcoíris Capítulo anterior: VIII Aventuras y Desaventuras en la Ciudad Tenían que conseguir un pretexto para lograr que el sabueso saliera sin problemas, así que el sabueso que estaba muy triste le pidió al zorro que le hablara al gato negro, para que él dijera a sus papás y amigos que iría con él. Entonces el zorro fue en busca del gato negro. Al entrar al barrio de los gatos, un grupo de gatos lo vio con desconfianza, le preguntaron que qué hacía ahí, y lo rodearon. Él trataba de explicarles inventándose algo, mientras el líder caminaba rodeándolo y viéndolo con desconfianza mientras preguntaba. Los gatos le dijeron que no le creían nada, sacaron las uñas y le dijeron que los zorros no tenían nada que hacer ahí, y que él lo iba a aprender en ese momento. Pero justo en aquel instante, apareció el gato negro y se atravesó entre el líder de los gatos y

El Zorro y el Sabueso. Un Cuento de Navidad. Capítulo VIII. Aventuras y Desventuras en la Ciudad.

EL ZORRO Y EL SABUESO UN CUENTO DE NAVIDAD CAPÍTULO VIII. AVENTURAS Y DESVENTURAS EN LA CIUDAD Capítulo Anterior: VII. Visita al Parque Así, fueron días y días que el zorro estuvo apoyando al sabueso, día tras día tenía una frase o unas palabras de ánimos para él, en algunas ocasiones quiso que fueran al bosque de nuevo a vivir las aventuras de antaño, para que recordara lo que era la felicidad, y para que quizá ahí descubriera un nuevo camino en el cual desarrollarse en libertad, tal como el zorro vivía, y aunque al sabueso le daban muchas ganas de ir y se emocionaba al escuchar las ideas del zorro, nunca podía ir, por lo que al final era el zorro el que tenía que viajar a la ciudad e intentar hacer algo, pero ahí era poco lo que se podía hacer, aún así, el zorro estuvo día tras día sin faltar, apoyándolo. El sabueso lloraba todos los días, pues además del problema que tenía, él sentía que la gente que le rodeaba no le apreciaba, que quizá no lo querían por se

Solo él o ella

Para que un niño o una niña se acerque con cariño y confianza a un hombre o a una mujer, que no sea su papá o su mamá, ni nadie querido de su familia, se necesita que ese hombre o esa mujer tenga algo especial que lo o la atraiga; y pensamos que ese algo especial no es mas que una personalidad limpia, sincera, amorosa, y que esos atractivos profundamente humanos solo pueden tenerlos un maestro o una maestra, no solo por la naturaleza de su profesión sino porque recuerda que un día también él fue niño, que ayer también ella fue niña; y que al igual que los chiquillos de hoy, también él y ella necesitaron cariño y comprensión. Solo un Maestro o una Maestra saben ganarse el respeto y la admiración de un niño o una niña, porque solo ellos saben modelar sus sentimientos con la pedagogía del amor. Solo un Maestro o una Maestra tienen el privilegio y la satisfacción de contribuir con su esfuerzo y dedicación, a hacer del niño un hombre de bien, de la niña una mujer llena de virtudes, s

El Zorro y el Sabueso. Un Cuento de Navidad. Capítulo VII. Visita al Parque

EL ZORRO Y EL SABUESO UN CUENTO DE NAVIDAD CAPÍTULO VII. VISITA AL PARQUE Capítulo Anterior: VI. Las compras de la señora Tortuga. Llegado el día indicado, zorro se preparó para ir a la ciudad. El parque quedaba en una zona un poco más transitada y estaba algo nervioso, pero bueno, debía ayudar al sabueso, así que se dirigió hacia allá utilizando de nuevo un disfraz con sombrero, bufanda y gafas oscuras. Iba ya por una de las calles caminando cuando de pronto unas puertas se abrieron fuertemente y un enorme toro salió de una taberna a pocos pasos del zorro; el zorro entonces se detuvo, y disimuladamente se cruzó al otro lado de la calle. Llegando casi al parque, pudiendo verlo ya, vio de pronto un grupo de policías caballos que estaban tapando la calle, y aunque se podía pasar, al zorro le preocupó un poco así que se regresó, y tuvo que ir a dar la vuelta por otra calle para llegar hasta el parque. Finalmente llegó al parque, y ahí en una banca le esperaba el sabueso.

Mientras hay vida hay esperanza

-Decíamos en artículos pasados, refiriéndonos al nuevo año, que todos tendemos a fijarnos metas, por supuesto que con el propósito de alcanzarlas en su transcurso; tal intención la tienen desde los ciudadanos mas humildes, hasta los mas acomodados; lo cierto es que, con o sin mayores recursoso para subsistir, ninguno carece del derecho, de la posibilidad y de la intención, de hacer realidad algo que lo beneficie y que ha venido considerando desde hacer rato, o que incluso hasta hoy se le está ocurriendo, por la necesidada de satisfacer una carencia. -Lo cierto es que hay tantas cosas que se desean porque nos son útiles, porque nos hacen falta, y que en la medida de nuestras capacidades queremos conseguir, y que pueden concretarse si les ponemos ganas y dedicación, siempre y cuando no rebasen la real capacidad que poseemos, o sea que estén en verdad a nuestro alcance. -Tales proyectos y pretensiones pueden ser, por ejemplo: ampliar la casa, compara un terreno, una vaca, una