NO HAY DE OTRA La ingrata necesidad ha obligado a nuestra gente a autocondenarse al destierro voluntario, y simultáneamente condenar a sus seres queridos al dolor de su prolongada y a veces definitiva ausencia. Esta es, desgraciadamente, la dolorosa realidad que en estos tiempos está viviendo nuestro pueblo, este es, para bien o para mal, el destierro de los nuestros, vivir soñando llegar al norte y exponer a los suyos, a quedarse solos, sin su necesaria presencia, la presencia del esposo, del padre, del hijo o del hermano que era o es parte del sostén de la familia, de la esperanza del hogar. Y este video lo vemos a diario en nuestro medio porque la migración del paisano a las tierras del tío Sam es permanente, o al menos la ilusión de llegar a ellas, aún corriendo el riesgo de perder hasta la vida, ya no digamos el dinero que quien sabe con cuánto sacrificio consiguieron para que, con tan mala suerte un coyote desalmado trunque sus sueños. Pero no hay de otra, ya...
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